POR QUÉ ACUMULAMOS COSAS, Y CÓMO REMEDIARLO

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Todas esas “cosas” en nuestros cajones, armarios y rincones son un peligro, pero hay formas de mantenerlas a raya.

Por Jane E. Brody

Muchos de nosotros aprovechamos las largas y solitarias horas de los confinamientos de 2020 por la COVID-19 para sacar de nuestros clósets, cajones y gabinetes la ropa de una era pasada, alimentos empacados que hace mucho caducaron y archivos que ya no son relevantes. Al principio, yo estaba entre esas personas y con entusiasmo completé tareas sencillas y me deshice de vestidos y trajes que ya no me quedaban bien, zapatos en los que ya no podía caminar, cientos de contenedores de plástico y vidrio vacíos.

Se sintió bien al principio, pero pronto perdí el interés en deshacerme de cosas y carecía de la energía física y mental para encargarme de lo que faltaba.

Además, después de 55 años de vivir en la misma casa, ten por seguro que había mucho más que debía desechar. Los espacios vacíos tienen una manera de llenarse. De verdad envidio a las amistades y los vecinos que eliminaron muchas cosas y tuvieron que deshacerse de botes de basura llenos de artículos que ya no usaban o no eran útiles.

No obstante, hace poco, cuando una tubería que tenía una fuga empapó la alfombra en mi sótano, donde durante décadas almacené todo aquello que no utilizaba, pero de lo que no me podía deshacer, volví a la acción. No hay nada como una crisis, pequeña o grande, para obligarnos a lidiar con una acumulación inimaginable de cosas.

Personas como yo, que llenan las áreas de almacenamiento mientras los espacios de la vida cotidiana se mantengan ordenados, no llegan a ser unos acumuladores, una categoría que tiene su propio diagnóstico psiquiátrico. Sin embargo, tener muchas cosas conlleva sus propios riesgos, como el estrés crónico y repetido que puede provocar; por ejemplo, cuando se busca con frenesí un documento importante entre montones de misceláneos o se corre a toda velocidad para arreglar pilas de basura antes de que lleguen visitantes.

Eso sin mencionar el riesgo de tropezarse con objetos que no están en el lugar que les corresponde. Cuando mi amigo de 61 años, quien parece no poder deshacerse de nada, tuvo complicaciones a raíz de una lesión en la cabeza que lo mantuvo en el hospital durante varias semanas, su esposa se sintió motivada a limpiar muchos objetos que estaban desperdigados por su departamento antes de que él volviera a casa.

Además, el desorden distrae, roba tu atención de pensamientos y tareas que valen la pena. Consume tiempo y energía y disminuye la productividad. Aunado a eso, un estudio de 2015 de la Universidad Saint Lawrence descubrió que una habitación en desorden está ligada con el mal dormir.

La carga del desorden ni siquiera termina cuando morimos. Cuando mi amigo Michael y sus hermanos limpiaron la casa de su madre de 92 años en Florida después de su fallecimiento, entre las muchas cosas repetidas que encontraron estaban ocho frascos idénticos de mostaza, 60 latas de trozos de piña, 72 rollos de toallas de papel, 11 andadores y cuatro sillas de ruedas. Hubo que llevarse camiones cargados de cosas, algo que resultó muy costoso. Me gustaría que mi familia tuviera mejores cosas por las cuales preocuparse o reírse cuando yo muera.

Quizá te preguntes por qué personas como yo o la madre de mi amigo guardamos tantas cosas que quizás nunca necesitaremos. El temor de quedarnos sin ese artículo en la casa es una razón por la que compro al mayoreo, en especial cuando los productos deseados están en oferta. Sin duda, un miedo similar resultó en las compras de pánico de papel higiénico, pasta y frijoles enlatados al principio de la pandemia. Nunca olvidé lo que una vecina dijo cuando, en medio de una fiesta de vecinos, le preguntaron dónde guardaba el resto de sus toallas de papel. “En la tienda”, respondió.

Cuando me siento triste, no me resisto a la terapia de las compras, a menudo compro otro traje de baño o una chaqueta abrigadora para agregar a mi extensa colección. Scott Bea, un psicólogo clínico en la Clínica Cleveland, ha destacado que nuestra sociedad de consumo impulsa a mucha gente a coleccionar cosas que no necesita.

Algunas personas también se sienten obligadas a aferrarse al pasado, como un amigo que conserva el programa de cada evento al que ha asistido durante las seis últimas décadas. Por culpa o sentimientos, a algunas se les dificulta dejar ir los regalos inútiles de personas que aman o admiran. “¿Qué pasa si un día vienen y descubren que ya no lo tengo?” es un razonamiento común.

Tengo muchas razones para no botar un artículo que no uso desde hace tiempo. Si es algo que he atesorado durante un largo periodo de tiempo, como los cubiertos y la porcelana que mi esposo y yo compramos con nuestros regalos de bodas hace 46 años, quiero dárselos a alguien que sé que los apreciará y los usará. Además, tengo un miedo cuasi irracional de que tan pronto como me deshaga de algo, descubriré que lo necesito.

Aun así, con frecuencia me armo de valor y dono a organizaciones benéficas que recolectan ropa y artículos del hogar en mi vecindario. Vivo en una cuadra con mucho tráfico peatonal y dejo “regalos” (desde champús y zapatos hasta macetas y marcos para fotografías) en el frente de la casa; los artículos suelen desaparecer en horas.

Cuando me di cuenta de que era momento de decir adiós a archivos profesionales con décadas de antigüedad, solicité la ayuda de asistentes, les instruí que no me dejaran ver nada de lo que tirarían de mis cajones. ¡Ahora haré lo mismo con los cientos de libros relacionados con mi trabajo que nunca volveré a abrir!

  • Establece un plan. Puede que quieras ir habitación por habitación o centrarte en una categoría como los abrigos o los zapatos, pero evita cambiar de rumbo a mitad de camino antes de haber terminado la tarea que empezaste.
  • Establece objetivos razonables en función del tiempo y la resistencia de que dispongas. Si un armario entero es demasiado intimidante, incluso una tarea tan pequeña como limpiar los artículos de un solo cajón o estante puede hacer que empieces en la dirección correcta.
  • Si un enfoque más gradual es más manejable, considera la sugerencia de mi amiga Gina: mantener un contenedor en cada habitación para guardar las cosas de las que te quieres deshacer. Cuando te pruebes algo que ya no te quede bien o no se vea bien, irá directamente a la bolsa de donaciones, no volverá al armario.
  • Si es necesario, pide ayuda a un amigo, a un familiar o a un asesor pagado que no tenga el mismo apego a tus posesiones.
  • Crea tres pilas: conservar, donar y descartar. No te equivoques en tu evaluación inicial; tira inmediatamente la pila de descartes y programa una recogida para las donaciones o llévalas a un destino que valga la pena.
  • Si el desorden incluye objetos que guardas para otras personas, considera la posibilidad de darles un plazo para que los recojan, o sugiéreles que alquilen un almacén.
  • Por último, evita la reincidencia. Resístete a rellenar los espacios que has despejado con más cosas.

Jane Brody es la autora de la columna de salud Personal Health, un puesto que ha tenido desde 1976. Ha escrito más de una decena de libros incluyendo los éxitos de ventas Jane Brody’s Nutrition Book y Jane Brody’s Good Food Book.

Jane Brody is the Personal Health columnist, a position she has held since 1976. She has written more than a dozen books including the best sellers “Jane Brody’s Nutrition Book” and “Jane Brody’s Good Food Book.” 

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